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lunes

La noche que contamos estrellas

Illusion_____by_saligia-horz

martes

Tianhou

blackroosje La puerta estaba entreabierta. La callejuela donde había descubierto el taller se encontraba sumida en las sombras. Dentro, la negrura era aún más honda, pero su penoso estado se agravaba por momentos y su necesidad de respuestas era acuciante.

Empujó la madera y tras ella se reveló un inmenso pasillo negro. Logró atravesarlo hasta dar con una habitación. A tientas encendió una lámpara de aceite que desplegó una luz mortecina. En las paredes, llenas de estanterías, había decenas de muñecas dispuestas metódicamente. El pánico le agarrotó los miembros venciendo su fascinación: todas ellas poseían una belleza espectacular; sus delicados rostros, sus expresiones melancólicas, iban más allá de la hermosura. La mayoría se encontraban sentadas observando con sus taciturnos semblantes el vacío. A pesar de su perfección comprobó que ninguna podía hacerle sombra a la que sostenía en su regazo: la bella Tianhou. En una de las estanterías centrales había un hueco: en lugar de una muñeca encontró un sobre cerrado. Danielle no dudó. Rasgó el papel; encontró una carta escrita a pluma, y leyó.

“No necesito acariciar tu rostro para saber de tus desdichas, aunque haya sido el destino y no yo quien te ha traído hasta aquí. Te contaré mi historia pues, aunque me temo que ya conoces buena parte: muchas estaciones han transcurrido desde la última vez que vi a Tianhou, pero mi alma, de algún modo, supo que había regresado.

En mi juventud pasé diez años en Beijing aprendiendo de los artesanos muñequeros que habitaban junto a las violáceas orillas del lago Kunmig. En poco tiempo, y debido a mi extraordinario don, fui iniciado en los misterios de la Catedral de Piedra, en el árido desierto de Kumtag. Allí me relataron la historia que sería el origen de tanto dolor.

Cuenta la leyenda que la noche antes del entierro del gran maestro Enku, su esposa halló en su taller su última creación: una muñeca de portentosa belleza. Los familiares decidieron que su obra imás perfecta debería acompañarlo en su viaje a través del inframundo; en los funerales se dispuso que  se consumiera junto al cuerpo del maestro en la primera luna de Xan. Se dice que la diosa Chang’e al observar que la muñeca la superaba en belleza, la salvó del fuego y prohibió que cualquier humano volviera a desafiar a la creación y a los dioses.

Mil años habían pasado desde la muerte de Enku y nadie había logrado igualarle. Me obsesioné con ello; mi orgullo y juventud hicieron el resto: crearía una muñeca con la belleza de una diosa y capaz de sobrevivir al fuego. Tardé seis largos años en conseguirlo. Trabajé incansablemente y en secreto. Cuando por fin estuvo terminada, le di nombre y decidí regresar sin mostrársela a nadie. Me establecí en este pueblo, donde me casé y tuve una hija: mi preciosa Mathilde. Al cumplir los once años decidí hacerle el mejor de los regalos y le entregué a Tianhou. Mathilde enfermó de una dolencia desconocida. En pocos días perdió su cabello; en unos meses,  su rostro y su piel fueron languideciendo hasta convertirse en los de una anciana. Nunca se recuperó, pero sobrevivió y no perdió las fuerzas. Una tarde mientras jugaba en el prado con su muñeca, unos niños, horrorizados por su aspecto, la mataron a pedradas. Mi esposa siguió su camino, no hasta la tumba, pero contrajo la misma enfermedad y ahora consume sus horas encerrada como un monstruo en Charenton.

Juro que intenté destruirla con todo mi empeño pero fui incapaz: sobrevivió intacta al fuego, no logré romperla, ni mutilarla, ni siquiera le hice un rasguño. Finalmente, decidí enterrarla en el bosque, allí donde nadie se adentra… aún no comprendo cómo ha llegado hasta ti. Pero sé que Chang’e nunca perdonó la osadía del humano: estoy maldito y mi obra en la tierra y tus desgracias son testigos de ello.

Regreso al desierto, de donde jamás debí salir, a espiar mi pecado. Y ahora tú, mujer consumida, seas quien seas, si es que todavía conservas la cordura, deberás sufrir mis errores.”


El papel cayó al suelo. Danielle lloraba la crueldad de las palabras del artesano, mientras que Tianhou, aún en sus brazos, con su belleza infinita e indestructible, parecía burlarse de su amargura. black

 
Al hilo del  5º  Reto de relato corto del Foro Nuncajamás
Imágenes:  BlackRoosje

Notas aclaratorias:

Kunmig: enorme lago junto a los jardines del Perfecto Esplendor del Palacio de Verano, en Beijing (Pekin)

Kuntag: Desierto del norte de China.

Xan: privamera en chino.

Chang’e: diosa china de la luna, esposa de Hou Yi. Al ser expulsados del cielo, la avaricia hizo que Chang’e bebiera un elixir que la convirtió en Diosa y la elevó de nuevo a los cielos, sin dejar siquiera una gota para su esposo que murió en la tierra como un simple mortal. Desde entonces vive en exiliada en la Luna.

Tianhou: en la mitología china, emperatriz del cielo.

Charenton: famoso manicomio en Francia.

                                                                                                                       ***

Este relato es un  tan sólo un resumen de la historia que me habría gustado escribir para el reto,  la limitación de palabras y mi falta de ganas afectaron al resultado. No estoy especialmente satisfecha con él a pesar de que resultó ganador; hubo relatos realmente buenos que lo merecían mucho más que éste, y lo hago constar sin un ápice de falsa modestia. Desde aquí mis felicitaciones a los participantes,  porque supieron crear con el reto que puse unas historias realmente fantásticas. 

The Lechera’s Killer

Tree_killer_by_sweettemper

Caminaba alegremente por el sendero con el hacha y el bolsón negro en la mano. Aquél sería el gran día. El sol brillaba, los pájaros cantaban y el aire olía a romero. Se sentía resuelto y dichoso: había llegado el momento.

Dejándose llevar se imaginó a sí mismo entrando en la casa y sorprendiendo a Elvira, su antigua novia, después de tantos años. Pudo casi percibir la leve película de sudor que iluminaba su rostro, los jugosos labios, el balsámico aroma que desprendía su oscura mata de pelo… los ojos desencajados, su cuerpo crispado y tenso, los gemidos ahogados, el terror, el delicioso crujir de los huesos, la cálida sangr…

Paró en seco. De nuevo había olvidado afilar el hacha. 

.

Al hilo del Primer Reto de Microrrelato de NuncaJamás.

Imágen: Sweettemper.

Nota:  el microrrelato debía tener 120 palabras como máximo y contener una “especia”. Téngase en cuenta que es el primer intento de microrrelato al uso de mi vida. Besos y pólvora.

viernes

Use me like listerine

Shhh_2_by_kait_y_lin

Para ti, 

que nunca pasas,

 (¿verdad?)

Que ni siquiera sabes

espiar en silencio.

Que no tienes ni idea

 (aún)

de lo que me haces ….

Porque eres un payaso

al que le gusta

hacerse el tonto

y eso

me gusta

a mí.



Y porque me da la gana

-entre otras cosas-

 va por ti.

 

miércoles

Alicia creciente

      ¡Llego tarde, llego tarde!

      El Conejo protestaba

      y Alicia pensaba

     en lo inevitable:

 

     Grandes caderas,

     para entrar por la madriguera

     Bastante grueso,

     el otro lado del espejo

     Demasiado pastel,

     para  hacerme encoger.

 

¡Yo estoy loco, tú estás loca!

El Gato aseguraba

y Alicia sollozaba

medio paranoica:

 

Los zapatos de tacón

pisotean al Lirón.

El té del Sombrerero

sin alcohol sabe a aguacero

Si sigues a la Liebre,

ten cuidado, que te pierdes.

 

¡Qué le corten la cabeza!    

La Reina aullaba    

y Alicia suspiraba    

por un trago de cerveza: 

  

Mostrando sus encantos    

a los que había observando    

Comparando su belleza    

con la de la pobre Duquesa.    

Poniéndose las botas,     

con una de las Sotas.    

 

¡Despierta, despierta!

Su Hermana gemía

Alicia no sabía

Que ya estaba muerta:

 

Que el tiempo había pasado

-no lo había advertido-

y  aún era sin querer

lo que nunca había sido.

___Alice_in_Wonderland___Chapt_by_randis


Al hilo del II Reto de Poesía en Nuncajamás

Imagen: Randis

Nota: Como habrán advertido esto no es más que una especie de homenaje "sui generis" a Alicia, fruto de un breve experimento  de “escritura automática”. Todos los personajes que aparecen lo hacen también en "Las aventuras de Alicia en el país de las Maravillas" de Lewis Carroll, uno de mis  favoritos. Insisto en  que tan sólo es un experimento; háganme el favor de no tomarlo(me) demasiado en serio :P.

Besos a quienes gusten!

*

lunes

Nadie lo sabe.

Querida X,

No soy capaz de recordar tu nombre. Tampoco estoy seguro de querer escribir esta carta. Creo que este tipo de ejercicios no sirven para nada, ni a mí ni a ellos, pero ya sabes que no me gusta resultar decepcionante, por eso lo hago.

El doctor Hume me regaló este cuaderno hace un par de semanas. Admito que me hizo ilusión. Estuve varios días acercándome al seto; me sentaba en el suelo junto a los aspersores para dibujar las raíces anegadas del barrizal. Ese lugar es como un pequeño universo: vegetación agonizante, larvas moribundas, todos esos insectos enroscándose y retorciéndose entre el lodo… Me gusta. Es lo más lejos que he podido llegar en el jardín, aunque ya no me lo permiten. Mary dice que no puedo ir porque me ensucio la bata. Pensé que el doctor utilizaba esa excusa para impedirme estar allí, que había alguna razón oculta, quizás algo terapéutico; pero me he dado cuenta de que no: todo es por la jodida bata. Así son en este sitio: pueriles, frívolos. Tendrías que ver los ojos de Mary cuando ve alguna mancha de barro; no me grita, ni siquiera me regaña, pero sé que me odia por ello.

No me importa, tampoco es la única; aquí todos lo hacen. El resto de enfermeras, el doctor, los vigilantes, incluso los internos. Les he visto observándome, a todos, con sus ojos pequeños y caídos. Disimulan. Parpadean rápidamente y se alejan, fingiendo no saber que estoy cerca, que no me perciben; pero sé que les asusto. Siempre produzco esa reacción, excepto, por supuesto, en ti. Me cabrea tanto no poder recordar tu nombre... has sido la única persona especial que ha pasado por mi vida, la única que se ha atrevido a descubrir mis secretos sin importarle el precio que tuviera que pagar. El doctor dice desear lo mismo, pero es diferente: es su trabajo, no me acepta; intenta curarme, cambiarme. Tú eres distinta. Por eso me seguiste aquella noche al pantano, con la conformidad de una niña pequeña a la que se le da un rico caramelo. ¡No imaginas la felicidad que me produce recordarlo! Estabas tensa, es cierto, pero ansiosa. Cuando te quitaste la camiseta pensé que querías que te follara. Me alivió bastante que no fuera necesario porque nunca me excitaste; en realidad, ninguna mujer lo consigue. Además lo nuestro era diferente: una comunión de intereses, un maravilloso pacto de oscuridad compartida. Tu curiosidad y mis necesidades en una alianza perfecta.

Hume insistió mucho en que hiciera esto. Dijo que serviría para observarme desde fuera, para conectarme con la realidad. Sugirió que el destinatario fuera alguien importante para mí. Qué predecible ¿no es cierto? Piensa que no conozco sus intenciones, pero sé lo que hay detrás de sus palabras amables y su pretendida comprensión: anhela saber, igual que todos desde aquella noche. Tratan de averiguar por qué no había marcas de resistencia en tu cuerpo; raven_______by_mehmeturgutpor qué acudiste a la cita; por qué en tu diario escribiste, con todo lujo de detalles, cuánto deseabas lo que iba a suceder… Insultando con ello mi inteligencia, pero, sobre todo, nuestro vínculo, nuestra sagrada complicidad.

Ellos no pueden comprenderlo… ¿verdad, querida? Aún si hubiera una forma de explicarlo con palabras no serían capaces de percibir lo que se esconde dentro de personas tan especiales, tan insólitas, como nosotros. Nos consideran aberraciones; perdidos en turbios extravíos de la conducta, de la realidad tal y como ellos la conciben, como si ésta pudiera ser común a todos. Cuánto absurdo. Se equivocan. Porque nadie lo sabe. Nadie.

Ni siquiera yo.

      Yo tampoco.

(*)

 Al hilo de los Retos del Foro de NuncaJamás.

(*) “Nadie lo Sabe” Mario Benedetti

Imagen: Mehmeturgut

Casa en llamas

El hombre se acercó y dijo
“Uno no puede huir de lo que ha perdido”
(Mientras el cielo del crepúsculo
se teñía de rojo y gris)

Dijo el otro
“Sólo quedarán las cenizas”
(Mientras el humo del cigarro
contaminaba su voz)


La joven abrió la boca y dijo
“Las cenizas no importan, importa el fuego”
(Mientras se arañaba la carne
y el agua salada la iba anegando)


El anciano tomó la palabra y dijo
“Habrá mucho que recoger”
(Mientras su mano temerosa
daba cuerda al viejo reloj)


Se aproximó el lobo y su mirada dijo
“El viento huele a secretos”
(Mientras desaparecía en la tormenta
sin mirar atrás)


-Mientras todo esto sucedía
tú y yo contemplamos
sin pronunciar una palabra,
cómo lo que una vez fuimos
perecía entre el calor y las llamas-

Burn_It_All_Away_by_SicMorbius

Al hilo de los Retos de Abracadabra (Foro Nuncajamás) 

Imagen: SicMorbius

jueves

Adiós Varsovia

Abandonó el cigarrillo en el cenicero y murmuró que Varsovia ya no le parecía tan bella.

Tras la cristalera del café una joven tocaba el chelo en la acera junto a un cartel de prohibido aparcar. Su presencia en la calle, junto al púrpura que coloreaba sus mejillas, delataba que para la estación en la que las baladas de Chopin destronaran, en cada parque y teatro de la Ciudad Roja, a Pergolese y a Dvorak aún quedaba mucho. Recuerdo que me sorprendió que su gesto no reflejase, en absoluto, la violencia de las notas que el arco arrancaba a las cuerdas, que vibraban imponiéndose al ritmo lento del paso del tiempo, obligándonos a perder la vista en el rectángulo de cielo encapotado, a precipitarla hacía las azoteas de altos edificios, a los pájaros grises y al inmenso cableado de aquel teleférico que hacía tiempo surcaba la ciudad. Un globo rojo volaba presa de las corrientes luchando por escapar entre las ramas de los árboles que, desesperadas, se estiraban para detenerlo. Cuando por fin se separó de ellas, perdido entre las blandas nubes que ocultaban hasta al más audaz rayo de sol, ambos pensamos al unísono –algo que sucedía continuamente- en el joven camarero, en la brillante gota de sangre que se había precipitado en un hilo desde su boca, hiriendo el blanco inmaculado de su delantal, poco antes de cerrar los ojos para siempre.

Discutimos si aquello había sucedido antes. Ninguno de los dos sabía decir si fue una pescadera de Milán o un frutero en Buenos Aires quien murió de la misma manera. Yo habría jurado que fue un repartidor de gas butano en España, años atrás, aunque aquello no significara mucho para mí. Todos se mezclaban en mi mente, en las arenas del tiempo que poblaban mi memoria desde que estábamos juntos y reconozco que, hasta aquella tarde, nunca intenté poner remedio a tal confusión. Ese había sido mi sacrificio desde el principio, renunciar a llorar todas las lágrimas que cada muerte me habría supuesto, ocultar tras una cortina de indiferencia los sentimientos que los de nuestra especie no deben tener si es que desean sobrevivir. Por el contrario, él suyo fue siempre tratar de recordarlos. Relacionar a unos con otros, los motivos, los lugares, las maneras en que habían muerto… creando un inmenso mapa mental en el que todos estaban unidos de algún modo, en un intento, imagino, de dar algo de sentido al que era su trabajo.

–Hubo una muchacha en una iglesia – dijo de pronto. Vestía de blanco. Llevaba algo en el pelo…

–Un velo y una peineta- contesté, más sorprendida que él ante el súbito recuerdo.

–Sí. Era el día de su boda. Casi una niña.

Había pasado mucho tiempo. Lo recordaba porque fue una de las pocas ocasiones en las que había sentido verdadera envidia de sus lágrimas. En mi mente vi a la muchacha radiante, en un éxtasis de felicidad plena que yo nunca había conocido. Posamos la mano sobre su frente mientras se abrazaba cariñosamente a los suyos e hicimos lo que debíamos hacer. Algo se quebró en su cerebro. Entre las convulsiones, una gota de sangre cayó sobre el intacto velo, grabándose inconscientemente en mi memoria; a fuego en la suya.

Por cosas como esa siempre supe que algún día tendría que irse, pero jamás pensé que sería en Varsovia. Su ciudad.

Aplastó la colilla, que aún humeaba, susurrando, casi para si, que no estaba hecho para aquello. Repitió que Varsovia ya no le parecía tan bella mientras se levantaba de la mesa. Lo que al final resultó cierto, aunque tuve que presenciar como se desvanecía ante mis ojos -esta vez para siempre- para poder percatarme de la trágica realidad.A_smoke__by_Staged

Al hilo de los Retos de Abracadabra (Foro Nuncajamás)

Imagen: Staged

[Con este relato participo en el III Reto propuesto por la iniciativa del Foro Nuncajamás, una especie de taller literario online al que me he unido hace poco con la idea de obligarme a escribir regularmente y, sobre todo, intentar mejorar, cosa que me hace bastante falta. Los Retos están pensados para obligar a los participantes a exprimirse un poco las neuronas y a adquirir soltura en la creación de historias, lo que me va a venir de maravilla ya que últimamente terminar cualquier cosa que estuviera escribiendo se había convertido en una especie de parto creativo, bastante más doloroso que placentero. Con mi participación en él intento quitarle un poco de grandilocuencia al asunto y volverme algo más pragmática a la hora de escribir: aprender a disfrutar de nuevo con ello por mal que me salgan las cosas. Cada nuevo reto lo establece el ganador del anterior. Hay una serie de parámetros establecidos de antemano, pero la cosa puede llegar a complicarse bastante. En esta ocasión doy fe de ello, ha sido complejo, sobre todo llegar a escribir un relato relativamente armónico con la cantidad de cosas que se pedían en tan pocas palabras en principio (600, aunque yo las he sobrepasado en 20) pero he de reconocer que he disfrutado haciéndolo aunque el resultado no haya estado a la altura de lo que esperaba.

Animo a todos aquellos que quieran compartir relatos y aprender un poco a apuntarse a este foro. Somos poquita gente todavía (todo tías por cierto, no estaría nada mal que algún hombre se animara ^^) pero, por lo que he visto hasta el momento, están saliendo cosas muy interesantes.

Besos y pólvora para todos.]

lunes

Atrás.

Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Aunque el cuaderno de notas carecía de instrucciones mantenía fresca en su cabeza la breve conversación con el hombre que, con muy poca sutileza, le había dado algunos parámetros de uso.

-Es para ti. Haz lo que desees con él- había dicho. Te dará y te quitará a partes iguales. Pero recuerda que no tendrás una segunda oportunidad para arrepentirte. Por cada palabra que salió de tu boca habrá una única ocasión. Ni todas las gomas de borrar del mundo podrán ampararte si te equivocas.

A_Watch_to_Conquer_the_World_by_neffinesseDespués de aquello el hombre, de mediana edad, algo chupado, barba de tres días y un traje oscuro pasado de moda varias décadas, se había encogido de hombros y había sonreído como quitándole importancia a la gravedad de lo dicho. Le resultó bastante desconcertante, cómico, pero, sobre todo, original. Le habían abordado miles de veces en distintos bares intentando venderle mecheros, linternas de bolsillo y toda clase de bagatelas acompañándolas siempre de un pequeño papel -rebosante de faltas de ortografía- en el que alguien narraba brevemente una gran cantidad de desdichas, pero nunca así y menos aún en una librería. Por eso aceptó el pequeño cuaderno de notas devolviéndole la sonrisa junto con una moneda de dos euros que llevaba en la cartera. El hombre cogió con naturalidad la moneda e hizo una pequeña reverencia. El gesto propició una sensible cantidad de absurdos pensamientos en los segundos que siguieron, entre ellos, que aquel ser venía del pasado y se encontraba allí para entregarle un mensaje de suma importancia. Eso le hizo sonreír todavía más, pero para cuando se quiso dar cuenta, el ser ya estaba saliendo por la puerta acompañado de un leve repiqueteo de campanillas. Creyó ver cómo le lanzaba una última mirada a través de los cristales justo cuando echaba a andar por la acera. Sin darle más vueltas, volvió a concentrarse en las estanterías y lo olvidó.

Pero ahora se las daba. Era domingo, de esos en los que no hay nadie para tomar café y todas las películas que te gustaría ver ya las has visto. Hojeó varios libros, tecleó media docena de palabras de un trabajo que le estaba costando terminar y dormitó en todos los sillones y sofás de la casa hasta que se acordó del cuaderno. Lo había dejado encima de una pila de libros sobre el escritorio. Ni siquiera lo había abierto. Si lo hubiera hecho en la librería, pensó, habría corrido tras el hombre y le hubiera hecho todas las preguntas que ahora se estaba haciendo, por muy estúpidas que fueran. Pero no lo hizo y al abrirlo por la primera página y observar la fecha escrita a pluma, arrepentirse servía de muy poco.

Sabía que podía ser una simple coincidencia, una anotación casual hecha por su antiguo propietario. Pero el aburrimiento por su parte le decía que también podía ser una señal. Examinó una a una todas las páginas de la libreta. Eran de un blanco gastado pero elegante, de esas que te impulsan a escribir algún poema o a dibujar el rostro de un ser querido. Lo único que encontró, además de la fecha, fue una anotación sobre la edición en la última de ellas.

Quitapágina “Ad libiturn” Ed.

(1983-20??)

España (Spain)

Que un cuaderno de notas de ese tipo, sin nada especial, lo hubieran editado a modo de libro le resultó mucho menos extraño que las fechas entre paréntesis. La primera coincidía con el año de su nacimiento, la segunda tan sólo le daba escalofríos. Demasiadas incógnitas para una agenda del “todo a cien”.

“Por cada palabra que salió de tu boca habrá una única ocasión…”

No se consideraba un tipo demasiado dado a la sorpresa, más bien de vuelta de todo, enmascarando un poco, tal vez, el cinismo que le había dejado el paso de los años. Recapitulando rápidamente la historia de su vida no cabía duda que había experimentado muchísimas cosas y había conocido a especímenes de toda clase y condición, pero en aquel momento, debido a una corazonada que no era capaz de descifrar, el hombre se le antojaba como el más extraño de todos, y lo sucedido en la librería, como algo único. Cierto es que a la vez se sentía bastante imbécil simplemente por el hecho de plantearse algo semejante, pero no le preocupaba demasiado. Estaba solo y nadie podía burlarse de él, observarle o conocer sus intenciones… Podía empezar probando con algo sencillo. O no. Mejor con algo más señalado. Si quería ver resultados tendría que intentarlo con algo importante…

“Te dará y te quitará a partes iguales”.

Pensó en ello largo rato, en cuanto dejo de hacerlo la solución vino sola. Cogió un lápiz. En la primera página del cuaderno escribió:

14 de agosto de 2005.

Lo siento mucho.

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El teléfono no sonó como quizás habría esperado. Todo seguía tristemente en su sitio, igual que siempre. Los libros apilados, la cama deshecha, las bolas de pelusa rodando por el suelo, el mismo jersey raido y las mismas zapatillas de estar por casa. Cerró el cuaderno molesto con su propia decepción. Regresó a la realidad con un largo suspiro, intentando desperezarse. Se levantó para ver un rato la tele. De camino al salón se detuvo junto a la puerta del baño. Zsazsa, su gata se cruzó con él y se metió corriendo en la cocina. Sonrió. El sonido del agua del grifo corriendo inundaba la casa de un modo en el que el sol nunca lo hizo.

Al hilo de la iniciativa de El Cuentacuentos.

Imágenes: Unknown

Safe Creative #0805130028241

la mala suerte

 

Lollipop_by_KatjaFaith

Tiento la mala suerte cada noche desde que te conocí,

Pero no me arrepiento.

 

Y es que alguien ahí arriba se olvidó de mí por unos instantes.

Dando fuerza a mi osadía

Avivando las llamas de un fuego que aún prende bajo la piel.

 

Y consumiéndome, me tumbo en brazos de los espectros,

De los que soy una aventajada discípula de cama,

Que cuidan de mi sueño y alimentan más si cabe mi locura.

 

Y decidida a soñarte, me rindo a sus manos, que son las tuyas.

que labran mis curvas y calman así mi sed durante unas horas.

 

 

Yo quería aprender a vivir olvidándolas,

pero tan sólo lo consigo de día.

Imagen: Katjafaith

Safe Creative #0805130028241

viernes

En la mano de la Diosa

Callenish_2_by_FickleKat

Si llueve durante toda la noche se borrarán los caminos de vuelta a casa- pensó Rowan mientras oteaba con preocupación las oscuras nubes que implacables se aproximaban por el extremo del valle. El viento agitaba su pelo lacio, y sobre el saliente esculpido en la roca, la muchacha podía percibir el característico sabor metálico que precedía a las tormentas.

Una bandada de pájaros negros cruzó el horizonte.

Rowan no quería pensar en augurios, de eso ya se encargaban las viejas de la aldea, pero sabía que Cedric tendría dificultades para atravesar Los Márgenes. Los Márgenes; así era como la gente de su poblado llamaba al cenagoso bosque que separaba el valle de las Tierras de los Pantanos, un inhóspito lugar donde vivían las tribus de los Hombres Pintados. Pero si los pantanos eran tierras llenas de leyendas sobre las que los ancianos contaban historias al calor de los hogares, aquel bosque anegado era un reino completamente distinto. Era costumbre de los lugareños escupir y hacer el signo de protección con las manos cada vez que alguien lo mencionaba. Tan sólo unos pocos conocían sus secretos, y la mayoría de ellos pertenecían al Consejo. Se decía que estaba habitado por bellas hadas capaces de andar sobre las aguas, las cuales, tras seducir a los hombres para concebir con ellos, los ahogaban sin piedad en las ciénagas. Ningún hombre o mujer osaba adentrarse sin un guía iniciado en los misterios, que conociera sus señales y laberintos. Los que lo habían hecho habían perecido ahogados, o bien nunca más se había vuelto a saber de ellos.

Sin embargo Los Márgenes eran el único camino para llegar a los Pantanos, y hacía siete noches que Cedric, con la ayuda de dos de los miembros del Consejo, había conseguido atravesarlos sano y salvo.

Aún así Rowan se preguntó si volvería a verlo con vida. Si sobrevivía a los rituales de los Hombres pintados, probablemente los cenagales y las lluvias torrenciales propias del comienzo de primavera acabarían con él. El viaje de vuelta debería hacerlo tan solo con la protección de los dioses.

Si Cedric conseguía regresar sería el Macho rey aquel Beltane, la Diosa había hablado y lo había favorecido. Después de los ritos y la preparación, los Hombres Pintados trazarían en su cuerpo las antiguas runas y símbolos de protección, y con la luna saldría, acompañado del resto de cazadores de la tribu, tras la manada de ciervos a la captura de gran Astado, al que tendría que derrotar sin mas ayuda que un puñal de silex y su lanza, y arrebatarle la cornamenta como prueba de que era el favorito de los dioses, o morir en el intento.

Todos los jóvenes consideraban una gran dignidad representar al Macho Rey en las fiestas en honor al gran Dios Bel, dios de la luz, del sol, señor de la fertilidad, y semilla de vida. Cada año en Samhain, la gran sacerdotisa profetizaba quien sería el elegido en el siguiente Beltane, siendo lo común que se escogiera al más fuerte entre los muchachos. Sin embargo, aquel inmenso honor en ocasiones conllevaba un sacrificio mucho más terrible. Si la cosecha de aquel año era insuficiente, la Diosa exigía que la sangre del Rey sagrado regara la tierra, y con la llegada de la primavera siguiente, éste debería ser sacrificado.

La Diosa habló, pero Cedric también lo hizo. Era derecho del elegido seleccionar a la que debería ser su novia en las fiestas. Por ello Rowan representaría a la gran Señora en la ceremonia, y tendría que unirse con él en el sagrado matrimonio que completaría las celebraciones de la noche. Yacerían juntos tras el frenesí del baile alrededor de las hogueras, sobre el altar en el corazón del círculo de piedras.

Tras ella un ocaso rojo como la sangre de los sacrificios la iluminaba igual que un mal presagio; el sol se ocultaba por el oeste sin noticias de Cedric.

Rowan había vivido catorce inviernos sin salir nunca de los parajes que delimitaban el valle y tal vez nunca tuviera oportunidad de hacerlo. Sintió lástima por si misma. Sin desearlo se había convertido en una viuda virgen, y en el caso de que Cedric regresara, tal vez lo fuera la primavera siguiente. Pensó en sus sueños, quería ser madre, vivir una vida tranquila alejada de los dioses y las supersticiones que en aquel momento movían tan cruelmente los hilos de su destino. Ella amaba a Cedric con ternura a pesar de su arrogante torpeza. Siempre fue un joven orgulloso, lleno de vida, dedicado más a colmar de rubor el rostro de las muchachas de la aldea, que a sus responsabilidades. Aún así, ambos se habían criado juntos y existía entre ellos un lazo de intimidad, tan natural, tan familiar, que Rowan siempre había sospechado que acabaría desposándola. Aquel día que siempre imaginó dichoso, se había transformado en una condena perversa, ya que no sólo era el destino de Cedric lo que estaba en juego en aquel momento, sino también su propio porvenir; si el joven no retornaba o bien era sacrificado, Rowan tendría que tomar los votos de sacerdotisa, y consagrar su vida al servicio de la causante de su desgracia, tal era la costumbre.

Comenzó a llover, Rowan se arrebujó en el manto. –¡Oh Diosa! ¿Qué intención es la que mueve tu mano?- susurró estremecida por la ira. Frente a ella los altos árboles que lindaban Los Márgenes se agitaban presos de la furia del viento. Las tinieblas se cernían con su negro hábito sobre la tierra, engullendo el abrigo de la luz; era el momento de la Diosa.

Rowan se dispuso a volver a la aldea, la lluvia empezaba a calar su manto y pronto la oscuridad sería absoluta. Dedicó una última mirada suplicante al horizonte, y para sus adentros, una corta plegaría.The_Invocation Deseó con todas sus fuerzas poder distinguir una sombra abriéndose paso por el sendero, pero en lo más hondo de su corazón sabía que lo que sucediera aquella noche no estaba en sus manos, ni en las del aguerrido joven que en aquel momento luchaba por su supervivencia; en realidad una voluntad mucho más antigua, que se perdía en los albores del tiempo, la misma voluntad que durante siglos había guiado el destino de los suyos, ya había escogido, y Rowan supo que la había elegido a ella.

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía 1: Ficklekat Fotografía 2: LadyMorgana

(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.)

*Esto es lo que Popi llamaría una remasterización. Me apetecía hacerlo porque, aunque últimamente vuelvo a estar “algo creativa”,  apenas tengo tiempo de ponerme a escribir. Además esta historia, es sin duda la que más me “gusta” ( es decir, la que más tolero) de todas las que he publicado en el blog.  Ojalá pueda pasarme por los vuestros este fin de semana.

miércoles

Sin pies ni cabeza (…)

Capítulo 3º: De todas las cosas que .ODIO.

__cult___by_SpookyChan

El sonido del motor trucado de las motos que atraviesan la calle, escuchar los pájaros hambrientos de la ciudad, los torpes gritos de la gente. Que el café me pida un cigarro, que cada calada me pida una más intensa, que la última me deje siempre un mal sabor de boca, una sensación de decrepitud y vacío que me obliga a desear lavarme los dientes, a lavarme entera, en realidad.

No estar verdaderamente triste ni realmente feliz. La incertidumbre de no estar de ninguna forma, ni siquiera de estar.

A la gente que me desconcierta y me enamora. Sentir cosas nuevas cuando ya creía que no quedaba nada nuevo que sentir. El agotamiento de estar en una nube, de llorar de felicidad y a la vez de impotencia. Ser tan diferente a todos, especialmente, tan diferente a ti. Haber sentido temor -toda mi vida- de los payasos y haberme enamorado del Rey de los Bufones. Mi incongruencia y lo feliz que ésta me hace.

Los segundos que pesan como losas. Llevar flores a sus sepulturas cada minuto. Presenciar su nacimiento cada mañana con la angustiosa sensación de que la inscripción de sus lápidas a la noche, lucirá, irremediablemente, el nombre de mi tiempo perdido sin ningún epitafio capaz de adornarlo.

Tener mil cosas que agradecer y mil cosas que ocultar. Que los secretos conserven su cualidad en el presente. Lo que fueron, lo que son, lo que serán no cambia, nunca se quedan atrás, ni siquiera me adelantan. Me acompañan como viejos parásitos que no hacen daño ni desgastan, en apariencia, hasta que aparece ese alguien que nos pone frente al gran espejo y nos los muestra en su inmensa fealdad -lo cual sucede demasiado a menudo para poder convivir en paz con ellos-.

Que cada noche, justo en el instante que precede al sueño, cuando no hay escapatoria, se muestren ante mí esas historias a las que nunca seré capaz de hacer justicia. De lo increíblemente contradictoria que es mi sinapsis y lo mal que se lleva con mi imaginación, entendimiento y vocabulario. De la belleza extravagante que posee todo cuando todavía está dentro, en ese rincón protegido de mi mente, favorecida por todas las sensaciones que no son traducibles en palabras, mimada por mi ferviente egotismo, y el estúpido desacierto en que se convierte todo cuando es expulsado.

Hablar. Estar por debajo de mis expectativas. Que presten demasiada atención a la ingente cantidad de tonterías que digo a lo largo del día. Que todas ellas parezcan un credo, una serie de cualidades morales a las que me he adherido a través de mis experiencias, cuando cualquiera que me conozca sabe perfectamente que eso es justo lo que me falta: experiencia. Todo es pura teoría porque nunca aprendo. Ésta es la primera vez que escribo. Ésta es la primera vez que amo. Ésta es la primera vez que vivo. No me reconozco en nada de lo que he hecho hasta el momento, tan sólo en lo que soy ahora: una enorme, vibrante, ensordecedora y aturdida interrogación.

Imagen: SpookyChan

martes

Sobre mí, sobre todo esto y sobre el puto blogger.

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En los últimos meses me he preguntado en muchas ocasiones por qué continua este blog “abierto”, cuando prácticamente está inactivo, cuando siempre, de alguna manera, escribir aquí queda en un segundo plano de mi existencia. Algunos, generalizando sobre el tema, pensarán que es una cuestión de prioridades -lo cual, he de admitir, se acerca bastante a mi opinión al respecto-. Otros hablarán de una necesidad subjetiva de expresión que surge en ocasiones, cuando las responsabilidades, la rutina y el hastío nos invaden y la imaginación necesita una válvula de escape, que en mi caso concreto se sirve de este medio, la expresión escrita, para hacer de las suyas. Algún loco sin demasiado criterio opinará que es una habilidad innata que lucha por darse a conocer, un talento infravalorado que anhela salir a la luz y que tal vez ocultamos por la responsabilidad que conlleva. Pero quizás alguien, con bastante más tino desde mi punto de vista, hable de eso de lo que a casi nadie le gusta reconocer en voz alta: la muy humana necesidad de reconocimiento.

De niña quería ser egiptóloga. Me creía rara y especial, pero pensaba que excavar tumbas y escribir ensayos sobre ritos funerarios le aportaría a mi vida la suficiente magia y misterio que mi particular carácter requería. Cuando llegó la adolescencia, inmersa en una montaña rusa de sentimientos, sensaciones y contradicciones, entendí que no había sido dotada por la naturaleza de la mente sólida y el pragmatismo necesarios para abordar una carrera humanística, y mucho menos una vida de ese tipo: la realidad me escocía demasiado y cada minuto de existencia estaba plagado de demasiadas incógnitas, demasiados sinsentidos para abordarla con los pies en el suelo. En ese momento entró en el juego la imaginación, toda una rebelde: violada, pisoteada y manchada por la realidad, siempre resurgía de la las cenizas -aunque el Fénix aquí sea una metáfora excesiva- por eso escribía diarios y leía compulsivamente, intentaba alimentarla y atrincherarme detrás de sus murallas. En mi inocencia creía que podría sacar algo positivo de todo aquello, tal vez ser escritora. De igual manera fue derrotada siempre.

Ya de adulta y harta de mi docilidad intenté resucitarla en varias ocasiones sin demasiado éxito. Pasaba un mes escribiendo sin cesar pero ante cualquier revés sentimental, ante la más pequeña de las dificultades, claudicaba, me aburría y me decepcionaba. Comprendí que mi negación de la realidad no era un motivo de suficiente peso para escribir, que al hacerlo no encontraba las respuestas que buscaba y que quizás mis esfuerzos estaban mal encauzados: Γνωθι Σεαυτόν (Nosce te Ipsum o conócete a ti mismo) escribieron los sabios en el templo de Apolo en Delfos, y en ello me encuentro desde entonces.

Quizás con más pena que gloria descubrí muchas cosas: una cantidad ingente de problemas que resolver, de defectos que pulir y una carencia absoluta de talento literario. Pero también fui consciente de una serie de virtudes que competían sanamente con mis defectos, entre ellos una capacidad para transformar la realidad, y en ocasiones, tornarla en algo más bello y, para mí, más real.

Hace unos años comencé a escribir en internet. La razón real para hacerlo fue sentirme especial, así de crudo y simple. Uno –por lo menos alguna vez y aunque sea de forma inconsciente- intenta experimentar en su vida diaria la totalidad de lo que es, de expresar sus inquietudes y de manifestar todo lo bueno y positivo que tiene dentro. Sin embargo no es tan sencillo. Y no es culpa de las circunstancias, ni de los demás que no lo aprecian o no saben hacerlo, ni siquiera de nuestra incapacidad para mostrar todo eso en público; sencillamente no hay culpa. Cada uno sólo observa lo que es capaz de observar y se adentra hasta el límite dónde su mente le permite adentrarse. Pero eso no tiene porqué conllevar por nuestra parte una renuncia a que alguien, eventualmente, sea capaz de contemplarlo.

Por eso tengo un blog, para observar hasta donde mis ojos son capaces de ver y, a la vez, ser observada en la medida de lo posible. Para aprender y mostrar. Para sentirme un poco más yo, más auténtica. Aunque eso no signifique que éste sea el centro de mi existencia y aunque haya mil cauces más propicios para hacer lo que me propongo, esta es una ventana más a la que me asomo de vez en cuando para recordarme y recordar a los demás una parte de lo que soy, y aprender de lo quieran mostrarme. Por eso nunca me decido a cerrarlo, tal vez porque aún no he encontrado otra cosa más acorde con mi carácter, o tal vez porque aún aprendo mucho por aquí.

Toda esta parrafada -aunque larga, pedante y bastante aburrida, también honesta- tiene su semilla en una serie de conversaciones mantenidas con un amigo al que conocí gracias a ésto. Charlamos un millón de veces sobre las pretensiones de la gente al tener un blog, sobre lo que significaba para cada uno de nosotros. Nunca comprendí la importancia que tenía para él el hecho de ser leído, seguido y comentado, ni la decepción que sentía cuando no era así, toda esa tristeza y desilusión. Por supuesto él no es la única persona que desde mi perspectiva le da una excesiva importancia a esas cosas; este pequeño gran mundo está lleno de tonterías tales como te enlazo si me enlazas, te comento si me comentas, te critico si me criticas, en fin, la cuestión es que me entristece observar como alguien querido es capaz de construir un mundo paralelo aquí, en blogger, y confundir esta pequeña y absurda ficción con su propia vida hasta el punto de convertirla en un momento dado en la clave de toda una existencia. Una vez me dijo: “No soy feliz. Quiero cambiar mi vida: abriré un nuevo blog”. Ante mi estupefacción y mi cara de póker intentó echarse atrás, pero una vez que has hecho una afirmación de ese tipo delante de un amigo es un camino sin retorno. Hubo reprimenda, discurso y consejos, pero no hubo nadie para escucharlos. Hace poco volví a hablar con él, estaba atravesando por una situación terrible y estresante; a pesar de ello, el ochenta por ciento de nuestra conversación versó sobre la falta de seguimiento y de comentarios que tiene su blog, en lugar de hacerlo sobre la cuestión más importante: su vida. De nuevo un discurso y más consejos, que pensándolo bien, me ahorraré en la próxima ocasión, si es que la hay.

Todo aquello me hizo pensar en los riesgos de la autocomplacencia, en que en algún momento yo pude llegar a sentir algo parecido, aunque fuera remotamente. En lo legítimo que es el anhelo de ser reconocidos por aquello que creemos, en nuestro fuero más íntimo, que nos hace especiales, y en el error de pensar que cuando ese reconocimiento no existe, dejamos de serlo.

Y si el origen de esto fue mi frustración al observar como alguien a quien aprecio perdía el mundo de vista por el simple hecho de tener un blog en internet, el propósito es el de sincerarme conmigo misma – y con vosotros que quizás lo leáis- y evitar encontrarme algún día en su lugar.

Close_your_eyes_and_feel_it_by_Elena_e

Imagen 1: Antirem Imagen 2: Elena_e

lunes

1732

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Fotografía:ThisYearsGirl

jueves

offtopic

...No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos qué forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo. E.M.CIORAN

Los días son eternos, tan rápidos en pasar y tan lentos en fluir. Echo de menos todo esto. Un poco a tí, un poco a mí. Supongo que lo añoro todo.

miércoles

idiota...

 

 dig