La brisa nocturna acaricia mi cabello y dulcemente me obliga a abrir los ojos. Veo las estrellas, he paseado bajo ellas durante horas, y ahora descanso tumbada en la hierba mientras la luna tiñe de nieve mi piel. Respiro hondo… intentando llegar al estado Alfa; niveles superiores de consciencia… ya sabes. Uno, inspiro, dos, expiro, tres, inspiro, cuatro, expiro, cinco… me besas, siempre me cortas el rollo. Noto tus labios fríos como si la luna te hubiera estado besando y tú me hubieses devuelto ese beso.-Sonríe- dices, y yo te miro, escucho tu voz y no sonrío. No tengo porqué. Me doy cuenta al ver tus ojos que esto no es más que un sueño, que en este justo momento estoy durmiendo sola en mi pequeña cama y a la vez sigo atrapada en una alucinación consciente. Me remuevo entre las sábanas pero no puedo despertar. Me incorporo, y la hierba se vuelve pegajosa bajo mis dedos. Miro y veo mis manos verdes; las estrellas comienzan a caer vertiginosas desde el cielo y el bosque se convierte en un campo de batalla. Oigo gritos, alguien gime, conozco su voz y deseo con todas mis fuerzas correr a ayudarla, pero no se donde estoy y no reconozco de donde proviene el sonido. Aúllo tu nombre aterrada, hace unos segundos estabas sobre mi cuerpo pero la irrealidad del ensueño se revela y descubro que estoy tan sola en medio del caos como en mi propia cama. –Si al menos pudiera abrir los ojos un segundo, despertaría- Me pongo en pie y comienzo a andar sin rumbo; los árboles están ardiendo por todas partes y yo me siento helada de frío. Huyo del fuego hacía la oscuridad, y de pronto ésta lo absorbe todo, luces y sonidos, tan sólo resta un murmullo ahogado de explosiones que llega del exterior de ningún sitio, donde ahora me encuentro, y el sonido de mi respiración entrecortada. Tengo los pies mojados, tiemblo, me muevo torpemente en la negrura intentando no tropezar, con los brazos extendidos, siguiendo el repiqueteo de gotas de agua que pronto comienzan a caer sobre mi cuerpo, gélidas. Una luz hiere mis ojos. Corro hacía ella y tú estás ahí, en el centro de la nada, tranquilo como siempre, sentado con un libro en el regazo. Avanzo desesperada, me arrodillo, te abrazo.Grito y te pregunto, pero no haces caso de nada de lo que digo, solo me miras y me besas de nuevo. Ésta vez encuentro tus labios muy cálidos; los recibo perpleja pero acabo fundiéndome en ellos y busco tu lengua. Sigo mentalmente el recorrido de tus manos anticipándome a él, conociéndolo de sobra, rindiéndome y a la vez esperándolo con avidez. -¿Qué haces?- pienso- ahora no podemos… ¿No te das cuenta? esta ahí fuera, la he oído!- pero continúo besándote sin hacer nada para detener tu avance bajo mi ropa, gozando con la sensación de mi piel húmeda y fría bajo las yemas de tus dedos. Y sigo adelante terminando con la docilidad y alejando de mí el sentimiento de culpa que me paraliza las manos, con una mirada afilada. -Nada importa excepto lo que va a suceder- me digo. Y en mi cama, tras una descarga de luz por fin consigo abrir los ojos, y las sábanas son ahora tu piel sobre la que descanso. Me hago un ovillo como siempre, y cierro los ojos para volver a dormir, preguntándome, justo un instante antes de que el sueño vuelva a atraparme, si alguna vez seré capaz de vencer mi deseo y hacer lo que tengo que hacer.

jueves
anoche
martes
Y el misterio de la noche
Y el misterio de la noche me fue por fin revelado…
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. ) Fotografía: Aidyen
domingo
258
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Hay cierto sesgo en la luz
de las tardes de invierno,
que agobia, como el peso
de los cánticos de las catedrales.
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Nos infringe celestiales heridas
que sólo pueden cicatrizar
en las luchas interiores
donde reside su razón de ser.
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Nadie puede orientarse, nadie
su impronta es la desesperación,
un inmenso sufrimiento
que nos expulsa de la atmósfera.
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Cuando aparece, el paisaje escucha…
las sombras detienen su aliento;
cuando se marcha… es como la distancia
ante la belleza de la muerte.
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Emily Dickinson.
Fotografía: Thisyearsgirl
miércoles
sin cesar
Y siento de nuevo el viento azotar mi cara, y a lo lejos una negra tempestad me desafía con su cruel oleaje. Lúgubre y sombrío es el mensaje que trae consigo, anunciando el regreso del trágico pasado, el penoso reinado de los recuerdos.
Y lo que el transcurrir de los días pareció transformar en sueños, hoy embiste mis sentidos con la misma intensidad de antaño.
Oscura soledad esta que me embarga, sin saber bien qué es lo que me la ha devuelto.
Pues a veces el tiempo juega con nosotros como si fuéramos títeres atados a las cuerdas de la memoria, y en ese juego el hoy y el ayer se confunden, transformando la aleatoria apariencia en una verdad que se materializa, y las mismas tormentas del pasado castigan hoy tu cuerpo con un ímpetu renovado, y el largo sendero de regreso a casa, vuelve a comenzar.
Pero hoy le doy la espalda a esa tempestad llena de nostalgia que me persigue, aún sabiendo que volverá a llover sobre mi, sin cesar.
Fotografía: Princess-of-Shadows (Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.)
viernes
Inconsistencia
lunes
(de nuevo) arde...
"Arde este fuego, y dentro de mi pecho inflama
La calidez de los instantes que tú sola presencia inspira.
Brilla esa llama que ilumina mis pupilas en las tinieblas de la noche
Sombras y negrura que su destello como castigo extingue,
Destronando el hielo que durante largos años gobernó mi alma
Provocando hogueras cuyo ímpetu aún sorprende
A quien tan sólo sabe de escarcha."
(Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. )