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lunes

bruja

Las lágrimas silenciosas se escurrieron veloces por sus mejillas, pensando en él y en lo mucho que le amaba. Intentó contenerse secando su rostro con el dorso de la mano en un vano intento de evitar que acudieran a sus ojos. Miró el cielo. La luz agonizante anunciaba un ocaso gris y una vigilia sin estrellas, aunque la luna se alzaría llena aquella noche, enmascarada tras la abundancia de las primeras nubes otoñales.

Caminó por el sendero durante largo rato hasta que el furtivo astro llegó a su cénit. El frío se había adelantado y el inclemente viento azotaba sus ropas y su cabello como si tratara de hacerla desfallecer, pero la desazón de su alma no consintió ni por un instante dar tregua a sus dudas, decidida como estaba a enmendar finalmente todos sus desatinos: hallaría en la vieja un remedio contra sus males y todo volvería a ser como antes.

Calada hasta los huesos y temblando de frio divisó por fin entre los árboles más frondosos el viejo y negro carromato. La tenue luz del candil reveló vida en su interior, cosa que no sorprendió a la joven pues recordó lo que se decía de ella en la aldea: “nunca duerme, es tan vieja que ya lo dejó de necesitar”.

Gritó con fuerza para hacerse oír por encima del viento, de tal modo que el par de mulas que descansaban pacíficamente al resguardo del sobradillo, empezaron a roznar y a cocear inquietas. Vociferó sin descanso hasta que una sombra tras el ventanuco le hizo finalmente una seña para que entrara. Al abrir la portezuela un penetrante olor a caldo jugoso la inundó haciéndola caer en la cuenta de lo débil que se encontraba. Las ganas la abandonaron con rapidez en cuanto los olores de aquel agujero infecto fueron condensándose y multiplicándose hasta confundirla con hedores que nunca hasta entonces había sospechado y de los cuales no deseaba conocer el fundamento.

-Malas horas traes niña.- Le espetó de repente la vieja.

La muchacha quedó muda ante la visión de la anciana pues la juzgó todavía peor de lo que le habían contado. Su boca desdentada era un tajo rojizo que se hendía en un pozo sin fondo en el centro de su rostro, si es que rostro se podía llamar a aquella conjunción de arrugas y pliegues que apenas dejaban reconocer entre ellos la nariz y los ojos excepto por su desproporción. Su pelo negro e insólitamente fuerte, le caía hasta la cintura en sucios e irregulares mechones de los cuales colgaban toda suerte de amuletos, cintas y pequeños ídolos.

La joven se santiguó antes de pronunciar palabra, a lo que la vieja contestó lanzando un negro escupitajo al suelo.

-¡Bah!- la apremió con voz ronca y masculina- Di lo que tengas que decir y no me entretengas, que para los viejos como yo el tiempo es oro.

-Oro traigo mi señora- balbució la pobre muchacha todavía amedrentada- por robar vuestro tiempo, pues sois la única que puede librarme de mis desdichas.

-¡Condenados jóvenes!- aulló la anciana sacudiendo con ello todos los potingues que almacenaba sobre la mesa- cuando aprenderéis que nadie salvo uno mismo puede quitarse de encima las miserias…

-Por eso vengo, señora- respondió mirando al suelo con timidez- a enmendar los errores que he cometido… Os imploro que…

-No implores tanto y habla de una buena vez- ordenó la vieja dando un violento golpe en el suelo con su bastón-…y siéntate no vaya a darte un vahído.

La joven aceptó con sobresalto el ofrecimiento de la anciana acomodándose en el único banco disponible, mientras, ésta se removía en su asiento haciendo sonar sus amuletos.

-Hace cosa de unas semanas mi madre vino a visitarla- la voz de la muchacha era apenas un susurro-.Trajo de usted un remedio amoroso pues temía que me quedase soltera… Yo soy todavía joven… pero como puede comprobar, poco agraciada y en mi casa somos ya demasiadas bocas que alimentar…

-Continua -urgió la vieja.

-El caso es que tras mucho pensarlo, le di la pócima que trajo madre al muchacho más apuesto de la aldea.

-¿Y funcionó?

-La boda está prevista para dentro de un mes.

-¿Y se puede saber entonces por qué importunas con tus idioteces a ésta pobre anciana?- vociferó la vieja levantándose y haciendo peligrar de nuevo el equilibrio de todos sus mejunjes.

La muchacha bajó la cabeza, azorada.

-Verá, es que yo no le quiero… bueno sí que le quiero pero…

-Decídete hija porque no te entiendo.

-Pues que sí, le quiero- dijo por fin alzando el rostro- pero no deseo que se case conmigo por culpa de ese brebaje diabólico suyo.

-Ya veo… -murmuró la bruja echando a andar por la exigua estancia- lo que tú deseas es deshacer lo que ya está hecho ¿no?

La sonrisa de la vieja sorprendió a la joven, que asintió con cierta inseguridad.

-Ah, los jóvenes- musitó casi con dulzura pese a lo difícil que resultaba encontrarla en un rostro como aquel- siempre creéis que todo tiene remedio.

-¿Y no lo tiene entonces…?

La huesuda mano de la anciana se alzó antes de que pudiese continuar.

-Pues claro que lo tiene, querida niña- dijo mientras acariciaba la suave mejilla de la joven haciéndola estremecer- pero deshacer lo que ya está hecho conlleva un precio que tendrás que pagar.

La muchacha asintió comprendiendo.

-Lo sé, sé que él dejará de amarme, y que yo sin embargo no podré olvidarle nunca…

-Por lo menos eres lista y no te engañas cobardemente- comentó la vieja echando a andar hacia una de las repisas repletas de pequeños frascos de vidrio.

-Entonces no nos demoremos más- dijo dándose la vuelta y ofreciéndole una pequeña botella cuyo contendido era traslúcido a la vez que espeso-. Asegúrateyaga de poner la mitad del contenido del frasco en el vaso de tu prometido la próxima luna nueva, mientras pronuncias del revés tu nombre en tres ocasiones. Que lo apure hasta el final.

La muchacha tomó el recipiente mientras memorizaba para si las instrucciones.

-Y ahora, si no te importa, deja sobre la mesa esas monedas que traías y permite descansar a esta fatigada vieja.

La muchacha dejó las monedas, dio las gracias y salió del carromato cuando ya despuntaba el alba.

Avanzando por el sendero la joven apretaba con fuerza en su mano la pequeña botella. Las lágrimas volvían a recorrer veloces sus mejillas; lloraba con toda la frustración de quien hace lo correcto, aún sabiendo que aquello mismo será su mayor desgracia.

En la carreta, tras el pequeño ventanuco, un rostro sonreía mientras observaba a la muchacha alejarse.

-“Estos jóvenes” - pensaba- “creen que todo tiene remedio, hasta el mismo amor”.

Se alejó trabajosamente hasta la mesa sobre la que descansaban la mayoría de sus hechizos, eligió uno de ellos y lo observó más de cerca.

-“Esencia de jazmín y agua ligeramente destilada: el filtro de amor ¿Servirá realmente para algo?”- -se preguntó divertida.

Tomó entonces un espejo dorado que guardaba entre sus pertenencias más queridas y se contempló en él sin timidez. El suave y bello rostro, de ojos profundos y turbadores que reflejó el cristal, le lanzó una traviesa mirada.

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Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Imagen: desconozco al autor

[notas pendientes: 1-Este cuento está dedicado especialmente a Mun, por sus ánimos y porque es un encanto, y también a una personilla que anda por ahí que siempre me pide cuentos de brujas. Debo aclarar que la musa no estaba por la labor, pero esto es lo que ha salido esta noche después de varios meses en el dique seco (mejor esto que nada). 2. Gracias a Legends, a Skézenté y a mi querida Perséfone por premiarme los tres con el Thinking Blogger Award, de lo que no me he hecho eco en este blog por considerar cualquiera de los suyos es muchísimo más digno que el mío, y lo digo de corazón. Un beso a los tres. 3. Gracias también a todos los que habéis pasado por aqui durante este tiempo para decirme algo, lo que sea: me hacía mucha ilusión. 4. Intentaré ponerme al día con todos, pero, por favor, no seáis demasiado duros si no lo consigo ^^ 5.nota final para dos personas que dicen que me siguen a diario y que justo me enviaron un mail hace apenas unos días (cosas de las sincronicidad, digo yo); creo que es una buena ocasión para matar dos pájaros de un tiro: a. Yo quiero a todo el mundo pero sólo soy amiga de mis amigos. b. No esperes demasiado de mi, ni de nadie (esto es un consejo, aunque joda). c. No soy gótica, como dice Yaya Ceravieja: Yo soy Yo, creo que con eso es más que suficiente.]

miércoles

(hasta la vista)

Without_you____by_WormBaby99
Me estoy despidiendo de alguien... por el momento no creo que se me vea mucho por aquí, no lo sé. Os sigo en silencio (o no)... Un beso para quien desee recibirlo. . . . (Sé que no se ve bien... la imagen es de WormBaby99, pero está (cutremente) modificada (no sólo en las palabras) por mí)

lunes

anoche

La fábrica de sueños cerró por vacaciones, sin embargo, esta noche mi cerebro se ha esforzado por inhibir esa serie de neurotransmisores necesarios para poder hacer del REM una verdadera sinfonía de espejismos. De pronto, percibo como la brisa nocturna acaricia mi cabello, y dulcemente me obliga a abrir los ojos. Veo las estrellas; he paseado bajo ellas durante horas y ahora descanso tumbada en la hierba mientras la luna tiñe de nieve mi piel. Respiro hondo… pretendiendo llegar al estado Alfa; niveles superiores de consciencia… ya sabes. Uno, inspiro, dos, expiro, tres, inspiro, cuatro, expiro, cinco… me besas: siempre me cortas el rollo. Noto tus labios fríos como si la luna te hubiera estado besando y tú me hubieses devuelto ese beso.-Sonríe- me dices, y yo te miro, escucho tu voz y no sonrío. No tengo por qué. Me doy cuenta al ver tus ojos que esto no es más que un sueño, que en este justo instante estoy durmiendo sola en mi pequeña cama y a la vez sigo atrapada en esta especie de alucinación consciente. Me remuevo entre las sábanas pero no puedo despertar. Me incorporo, y la hierba se vuelve pegajosa bajo mis dedos. Miro y veo mis manos verdes; las estrellas comienzan a caer vertiginosas desde el cielo y el bosque se convierte en un campo de batalla. Oigo gritos, alguien gime, conozco su voz y deseo con todas mis fuerzas correr a ayudarla, pero no se donde estoy y no reconozco de donde procede el sonido. Aúllo tu nombre aterrada. Hace unos segundos estabas sobre mi cuerpo pero la irrealidad del ensueño se revela y descubro que estoy tan sola en medio del caos como en mi propia cama. –Si al menos pudiera abrir los ojos un segundo, despertaría- Me pongo en pie y comienzo a andar sin rumbo. Los árboles están ardiendo por todas partes pero yo me siento helada de frío. Huyo del incendio hacía la oscuridad y de pronto ésta lo absorbe todo, luces y sonidos, tan sólo resta un eco ahogado de explosiones que llega del exterior de ningún sitio, donde ahora me encuentro y el murmullo de mi respiración entrecortada. Tengo los pies mojados, tiemblo. Me muevo torpemente en la negrura intentando no tropezar, con los brazos extendidos, siguiendo el repiqueteo de gotas de agua que pronto comienzan a caer sobre mi cuerpo, gélidas.

i wish lost fish

Una luz hiere mis ojos.. Corro hacía ella y tú estás ahí, en el centro de la nada, tranquilo como siempre, sentado con un libro en el regazo. Avanzo desesperada, me arrodillo, te abrazo.

Grito y te pregunto, pero no haces caso de nada de lo que digo, solo me miras y me besas de nuevo. Ésta vez encuentro tus labios muy cálidos; los recibo perpleja pero acabo fundiéndome en ellos y busco tu lengua. Sigo mentalmente el recorrido de tus manos anticipándome a él, conociéndolo de sobra, rindiéndome y a la vez esperándolo con avidez. -¿Qué haces?- pienso- ahora no podemos… ¿No te das cuenta? esta ahí fuera, la he oído!- pero continúo besándote sin hacer nada para detener tu avance bajo mi ropa, gozando con la sensación de mi piel húmeda y fría bajo las yemas de tus dedos.

Y sigo adelante terminando con la docilidad y alejando de mí el sentimiento de culpa que me paraliza las manos, con una mirada afilada. -Nada importa excepto lo que va a suceder- me digo. Y en mi cama, tras una descarga de luz por fin consigo abrir los ojos, y las sábanas son ahora tu piel sobre la que descanso. Me hago un ovillo como siempre, y cierro los ojos para volver a dormir, preguntándome, justo un instante antes de que el sueño vuelva a atraparme, si alguna vez seré capaz de vencer mi deseo y hacer lo que tengo que hacer.

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía: LostFish

el lastre

Los hombros del ángel se estremecían mientras lloraba. Del extremo de sus ojos grises caían lágrimas de azogue que se deslizaban apaciblemente atravesando su rostro inmaculado hasta alcanzar la tierra, donde estallaban sobre los delicados pétalos de las pequeñas flores que se extendían a sus pies allí donde acariciaba el suelo su grácil sombra, tiñéndolas de negro. Los insectos revoloteaban sobre ellas hechizados por el fragante y balsámico aroma que expelían, pero temerosos a la vez no osaban aproximarse demasiado. Un espectador anónimo podría haber aventurado que dicha actitud se debía al miedo, sin embargo se trataba simplemente de un signo de profundo y reverencial respeto.

Cuando las lágrimas por fin cesaron, horas más tarde, mientras el sol moría en el horizonte, el ángel emprendió el descenso de la colina en dirección a la casa donde ella habitaba para dar cumplimiento una vez más a su turbador cometido.

No hubo nada ni nadie que le detuviera. Las puertas se abrieron para acogerle; en el mismo instante en el que atravesó el umbral, el péndulo del gran reloj de la entrada se interrumpió en mitad de su cadencia, suspendido en el espacio, extraviándose por una vez en el tiempo. Sin darle importancia se encaminó hacía las escaleras. Sus pies descalzos apenas acariciaron los peldaños; en el pasillo, la última puerta se apartó en silencio a su paso.

Se acomodó en la mecedora junto al lecho orientado hacia el dorado atardecer que se adivinaba tras la ventana, donde ella reposaba entre enormes y mullidos almohadones, asemejándose más a una niña pequeña que a una anciana de noventa años. El largo pelo plateado pero aún brillante, le enmarcaba el rostro donde la multitud de arrugas que antaño horadaban su expresión se difuminaban en la calma absoluta de su gesto. Abrió los ojos muy despacio.

-“Te has tomado tu tiempo esta vez, viejo amigo.”

Demasiado débil para hablar el tenue hilo de sus pensamientos alcanzó al ángel que la observó conmovido.

-“Confieso que no deseaba venir una vez más a tu encuentro”

Aunque la sonrisa no llegó a asomar a sus agrietados labios, él pudo percibirla.

-“¿Por qué?” -preguntó- “Yo te aguardaba con ansia, viejo amigo. Esta vez ha sido demasiado duro, demasiado largo y estoy muy cansada. Sabes bien que he de seguir adelante…”

Él acercó el dedo índice a sus labios y con aquel sutil gesto, el río de su pensamiento se diluyó en borrosas imágenes hasta quedar por unos instantes sofocado por el aliviante y reparador vacío del olvido. La miró largamente, de forma idéntica a tantas otras ocasiones en las que había ido a su encuentro justo cuando su cuerpo agotado decidía liberar el insoportable peso de su gastada alma. Intentaba desentrañar aquel misterio que desde el principio había estado más allá de su alcance, mientras le concedía aquellos escasos momentos de efímera paz, antes de que la rueda comenzara a girar de nuevo para ella, sin la compasión de concederle el don de olvidar.

-Lo llevarás de nuevo contigo- habló de nuevo y su voz resonó en su conciencia hasta despertarla ligeramente- Todo, el dolor, la amargura, las pérdidas y el desamor que hayas vivido, y a eso le tendrás que sumar todo lo demás. Es una carga demasiado pesada para un humano.

Entonces fue ella la que lo miró fijamente.

-¿Acaso sientes piedad de mi, viejo amigo?- preguntó por fin- ¿Tú, que me has llevado de la mano en cada uno de mis viajes, aún no has comprendido por qué no puedo olvidar?

-No, nunca lo he comprendido.- Las plateadas lágrimas recorrieron una vez más el rostro del ángel - Y aunque alguna vez lo consiguiera -prosiguió- después de todo el sufrimiento que te he visto padecer durante tus existencias, no podría hallar justicia en ello.

Ella, presa del agotamiento final, había dejado de escucharle; su juicio se fue alejando a medida que su corazón bombeaba cada vez más despacio la sangre a sus doloridos miembros. El ángel comprendió que no podía ni debía esperar más. Venciendo su propio rechazo y compasión, se puso en pie sobre ella, y depositó un suave beso en su frente ya tibia, muy similar a cada una de las veces en las que había ido a su encuentro a lo largo de los siglos, para ayudarla a partir, a seguir adelante.

-Tan sólo desearía saber hasta cuándo durará el castigo- le dijo en el último momento.

-Hasta que todos esos recuerdos de los que hablabas, viejo amigo, dejen por fin de ser mi lastre.- pudo contestar ella justo antes de emprender el que por fin sería su último viaje.

the_red_blanket_by_Floriandra

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía: Floriandra

(i just want to be me)

La mirada que le devolvió el espejo no era la suya, al menos no la que ella recordaba. Mientras se quitaba los pendientes, y aunque no solía hacerlo, se detuvo unos instantes en aquellos tristes ojos suyos, de un color decían los que la amaban, entre pardo y verdoso; castaños para el resto del mundo. Resplandecían a pesar de la exigua luz de la lamparilla de noche -“¿eso siempre ha estado ahí?”- se preguntó confusa; y prestando un poco más de atención comprendió sin sorprenderse que sí, que ese brillo siempre había estado ahí, aunque ella jamás hubiera sido capaz de verlo, incluso de mostrarlo.

Se sentó en el borde de la cama con esa cálida sensación de estrellas en los ojos y su mirada persiguió inconscientemente la serena trayectoria del humo que expelía el incienso de eucalipto que prendía cada noche al llegar a casa. Las volutas se retorcían en espirales para acabar escapando por la ventana a través de la cual la invadían suavemente los artificiales sonidos de la ciudad. Comenzó a imaginar que cada una de esas espirales representaba a las personas con las que compartía su vida, observó como a partir de la minúscula llama se creaban una serie de hélices que danzaban formando entre si curvas y bucles inconstantes, volubles y caprichosos, fundiéndose y separándose a placer hasta terminar confundidos con el cielo azul oscuro.

Continuó dejándose llevar por la sensación. Las volutas de humo dibujaron entonces los rostros de su gente, enormes, gigantescos a su lado, con esas sonrisas suyas que le robaban el corazón y esos ojos brillantes que parecían hablarle sin necesidad de palabras; sabía lo que intentaban decirle. “No estás sola pequeña” susurraban en su mente. “Lo sé” pensaba ella cerrando con fuerza los ojos, intentado que aquella tibieza la inundara durante el máximo tiempo posible, como si se tratase del mejor de los antídotos contra el miedo que la invadía cada noche justo un instante antes de cerrar los ojos y dejar que esa conciencia que a veces confundía consigo misma se alejase.

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Porque para ella dormir es morir, y despertar, una forma renacer una y otra vez, como el Fénix. Le gusta imaginar que un buen día al abrir los ojos por la mañana todo ese miedo la ha abandonado, quedándose atrás, en el otro lado… y así no tener que morir ninguna noche más. Sin embargo despierta y el miedo continúa, y la cuenta atrás hacia su nueva muerte comienza de nuevo. Y sale a la calle con él a cuestas; lo cierto es que unas mañanas pesa más que otras, en las que la fuerza de la costumbre hace el lastre un poco más ligero, pero, y aunque la mayoría del mundo no lo advierta, ese peso que a veces ni ella percibe, le hace encorvar la espalda, bajar los ojos y mirar a la tierra… a ella, que siempre ha querido mirar al cielo (“sobre las copas de los árboles” se dice en silencio mientras se deja acariciar por la brisa “ahí es donde quiero estar”). Pero la tierra la llama de nuevo y sus pupilas ceden a la gravedad de la carga que soporta mientras avanza. Sonríe educadamente y charla con palabras superfluas en conversaciones que la vacían poco a poco. Intenta ser amable, dulce y educada, no desconcertar a los demás sacando a relucir en cada momento su verdadera naturaleza, pero cada vez que lo hace comprende queThe_Fall_by_annejulie se traiciona a si misma, y sin darse cuenta se siente, a medida que transcurren las horas, un poco más miserable, más mezquina, y el único pensamiento que logra salvarla de esa angustiosa emoción son ellos. Los que aceptan sus diferencias como virtudes y saben verla con algo más que los ojos, que la miran sin juzgarla y recompensan sus silencios con sonrisas, calman sus lágrimas con caricias y abrazos (como tiene que ser, como debe ser). Por eso, de vuelta a casa cada noche nunca se olvida de dar gracias, porque son ellos los que le dan el respiro justo que necesita para seguir adelante, fabricando de ese modo el pequeño espacio de universo donde puede ser ella misma.

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Volvió en si. El incienso se había consumido prácticamente y en la soledad de su cuarto seguía dejándose llevar por el cadencioso baile de las mortecinas volutas de humo. El teléfono vibró de pronto, era una señal de su amor. Lo cogió justo a tiempo para ver un par de mensajes que le había enviado un amigo suyo desde la playa preguntándole qué tal todo. Ella contestó mentalmente: “Bien, todo va bien. Me he despertado esta mañana con el mismo miedo de siempre, pero esta tarde, hace apenas un rato, un amigo me ha abrazado y me ha dicho que soy maravillosa. Esta noche, antes de cerrar los ojos me dejaré abrazar de nuevo, y puede que en esta ocasión no tenga que morir del todo”.

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía: AnneJulie

(no importa)

Introduzco la mano en la tierra

Soy el árbol, y los dedos las raíces.

No ambiciono renunciar a ellas,

sin embargo estas se adentran más y más en las profundidades.

.

Y mis ojos, que miran las estrellas

(la luna)

envían destellos plateados al firmamento.

Son ramas,

que atraviesan el aire que enmaraña el pelo de mi amado

y la nube que cuelga del techo de mi cuarto,

que iluminan las negras alas de los pájaros que vuelan en la oscuridad

(pues ya están muertos,

y a la luz del sol, son invisibles)

.

Y hay una hoguera.

Deseo quemar en ella mis pensamientos.

Entre las ascuas,

advierto unos ojos que me observan

(siento vértigo)

.

Y me imagino saltando dentro

sin llegar a arder… y a la vez, ardiendo

porque sé que el viento que es mi alma avivará al final las llamas

(y que el agua, en su fluir,

se encargará después de apagar el fuego)

.

Pero no salto

(como siempre)

Tan sólo sonrío y tiemblo.

Nora_Lee_by_Lidya1

Fotografía: Lidya1

fin del mundo

La habitación del deseo” era el título del libro que leía la muchacha. Él apartó la mirada; tras el ventanal corrían los campos sembrados, el sol de mediodía doraba el mundo; tanto esplendor no parecía tener piedad con sus retinas y entornaba los ojos para poder apreciar el brillante cielo, cegado por las nubes que dejaba atrás a medida que el tren avanzaba sin que le diera tiempo a imaginar una forma certera para ellas. Intentó concentrarse en su libro, abrumado ante tanta luz, ante toda la creación que desfilaba ante él sin detenerse.

Recorrió algunas líneas más, se fundieron al paso de sus ojos: una letra seguida de otra, un sinsentido de color gris, palabras carentes de significado que alguien creyó que podrían decirnos algo. Cuánto vacío…

“¿A dónde irás?”- escuchó de pronto en su mente –“¿de qué huyes?”

Aquella voz que lo había sido todo para él aún aparecía de vez en cuando en sus pensamientos. Siguiendo una intuición interior había tomado la determinación de no detenerla, de dejarla fluir cuando fuera preciso. Tal vez -se decía- está intentando decirme algo, algo que yo solo no soy capaz de comprender.

La muchacha tosió de repente y durante esos segundos en los que apartó el libro de su rostro pudo por fin observarla mejor. Su palidez era enfermiza. Tenía los labios ligeramente rosados, y sus oscuros ojos de pestañas infinitas estaban enmarcados por violáceos surcos. El fino cabello negro y lacio le llegaba hasta la cintura envolviéndola dulcemente. Sus ropas oscuras acentuaban su lividez, sus manos delicadas parecían tremendamente suaves. Se imaginó acariciándolas y un cálido estremecimiento le recorrió desde la espina dorsal.

Ella, ignorante, continuaba respirando con dificultad. Él se levantó para abrir un poco la ventanilla.

-¿Mejor así?- le preguntó.

Ella le miró y asintió agradecida. Se acomodó mejor en su asiento apoyando ligeramente la cabeza en el cristal. El aire del vagón comenzó a renovarse y la tos fue remitiendo poco a poco. Sus miradas se cruzaron y permanecieron así durante unos instantes.

-¿Hasta donde vas?- preguntó ella de pronto. Su voz suave y baja era difícil de apreciar por encima del murmullo del tren.

Él tardó en contestar más de lo normal fijo en sus ojos.

-Hasta el final supongo- dijo no demasiado convencido de su respuesta; pues en realidad cuando llegara al fin de aquel trayecto cogería cualquier otro tren que le llevara aún más lejos, y tal vez una vez allí, tomaría el siguiente tren que le siguiera alejando aún más. -¿Y tú?- preguntó a su vez.

Ella mostró una débil sonrisa

-Hasta donde llegue…- dijo enigmática.

Pestañeaba a un ritmo anormalmente lento. Había tanto sosiego en su rostro que no podía dejar de mirarla. Ella, lejos de sentirse incómoda, continuó hablando.

-Quiero llegar al mar. A ese lugar que llaman “el fin del mundo”.

-Llevas poco equipaje para ir al fin del mundo…- comentó él haciendo un gesto en dirección a la pequeña mochila que yacía en el asiento a su lado.

-No necesito más para hacer lo que voy a hacer.

La tos regresó con mayor violencia. Con los ojos cerrados, la cabeza apoyada en el cristal y las manos cerrando su boca, la joven parecía sufrir. Mientras la observaba algo consternado no pudo evitar preguntarse qué haría cuando llegara al mar.

-¿Te encuentras mal? ¿Puedo hacer algo por ti?- Preguntó acercándose un poco.

-No tranquilo, no puedes ayudarme.- dijo con dificultad.

Continuó tosiendo durante largo rato, con tanto ímpetu que temió en varías ocasiones que fuera a desmayarse. Se sintió estúpido, allí frente a ella sin poder hacer nada; pensó una y otra vez en buscar ayuda, pero sabía, o mejor dicho intuía, que lo único que deseaba en aquel momento era que la dejasen en paz. A medida que pasaba el tiempo la tos era cada vez más débil pero ella parecía extenuada.

Sin poder soportarlo ni un instante más, se levantó, puso la mochila en el suelo y se sentó junto a ella.

-Deberías dormir un rato- le dijo en un susurro para no sobresaltarla- Y creo que mi hombro es más cómodo que ese cristal.

Temió haberla asustado con su proposición, en cambio ella le miró de reojo sonriendo.

-¿Me despertarás cuando lleguemos al mar?

-Por supuesto, no te preocupes.

Se acercó lánguidamente a su hombro, posó su cabeza y cerró los ojos. Durmió durante varias horas, cambiando de posición en ocasiones. Cuando el mar apareció tras las ventanillas estaba anocheciendo y ella descansaba echa un ovillo en los asientos con la cabeza sobre sus rodillas. Antes de que éste pudiera decirle nada, abrió los ojos.

-¿Ya hemos llegado?- preguntó.

Él asintió; se forzó a sonreír a pesar de que la idea de alejarse no le agradaba. Durante esas horas se había sentido más cerca de aquella joven desconocida que de toda la gente con la que se había cruzado en los últimos meses; la había observado respirar intranquila en su regazo mientras dormía, y tras aquel agotamiento que reflejaba su rostro él había encontrado una belleza, una luz que no sabía describir, pero que lo había prendado. Comprendió, a medida que avanzaban hacía el mar, que su deseo de alejarse de todo se iba diluyendo como la luz del día, y ese lejano destino que todavía no había decidido se le antojaba algo absurdo tras aquella intimidad que ambos habían compartido.

Ella se puso de pie con cierta dificultad y comenzó a recoger sus cosas despacio. Metió el libro en la mochila y se puso la chaqueta; por último le miró en silencio.

-Gracias- dijo por fin- Gracias por esto.

Él no pudo decir nada, sonrió con la esperanza de que aquello pudiera expresar lo que no era capaz de decir con palabras. La muchacha se ajustó la mochila dispuesta a salir del vagón y aquel movimiento brusco le provocó un nuevo ataque de tos. Se apoyó en la puerta, de espaldas a él, mientras el tren iba frenando poco a poco. Aunque la tos cesó pronto, notó como respiraba trabajosamente.

-Y dime –se atrevió a decirle-¿Qué harás cuando llegues al fin del mundo?

Ella se dio la vuelta, retirando las manos de su rostro. Un hilillo de sangre le corría por la comisura de los labios.

-No lo sé –dijo- tal vez vaya hasta el mar, y me quede allí, contemplando el fin del mundo hasta que llegue mi propio fin.

Y con una tristeza infinita le sonrió por última vez y se fue.

..

“¿A dónde irás?¿de qué huyes?”-Aquellas palabras resonaron de nuevo en su mente mientras observaba el espacio de vacío que había dejado el cuerpo de la muchacha al marcharse. En aquel instante comprendió que ya no precisaba coger más trenes para continuar huyendo, pues tal vez el final de ese algo que andaba buscando no lo encontraría yendo aún más lejos, sino en el lugar donde pudiera darle fin a su absurda huída. Y quizás no hubiera mejor sitio para hacerlo que el fin del mundo.

InCanTation_by_DanZeFly
Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía: DanZeFly

★(inguz)

friends_by_grandma_S“El gatito correteó juguetón entre sus piernas. Me miró con esos ojos azules que todavía no sé describir y sonrió con dulzura mientras lo cogía entre sus brazos.

-¿Y cómo lo vamos a llamar?

-¿Qué te parece Poe? Poe es un buen nombre para un gato –comenté- de hecho es el nombre que debería tener tu gato.

Durante unos segundos se mantuvo serio, calibrándome, como solía hacer siempre que le sugería algo. Le encantaba ponerme nerviosa y a mi me gustaba sentir ese extraño nerviosismo. Yo luchaba por mantener su mirada con una seguridad fingida y absurda; una batalla perdida para los que como a mi no se nos da bien jugar a ciertos juegos.

Levantó a Poe y lo puso a la altura de sus ojos -¿Te gusta tu nuevo nombre?- Le preguntó al gato que maulló oportunamente.

-¿Eso es un sí? -aventuré yo mientras me acercaba.

-¿Sabes?- me dijo- Nunca te lo he dicho pero sé hablar gato y eso ha sido un sí.

.
. . .

Tengo a Poe en mi regazo mientras escribo esto, ronronea y me mira de vez en cuando con sus apacibles ojos de color miel, como esperando a que le diga algo. Creo que aguarda impaciente noticias tuyas, al menos con toda la impaciencia que puede tener un gato como Poe… Aunque creo que se ha conformado por fin con la idea de tenerme como ama provisional. Nuestra convivencia está siendo en cierto modo productiva: he descubierto que es igual tú (aunque a él no le guste nada el fútbol y adore que le acaricien en lugares que tú no soportas) pero como tú sabe escucharme y nunca me juzga, me hace reír y me invita a soñar como solías hacer (tal vez su forma es algo más sutil, pero al fin y al cabo es lo mismo). Cuando me pongo tontita -ya sabes que es el 99% del tiempo- me araña. Cuando me pongo pesada, me huye. Cuando le cuento historias se acurruca cerca de mi y se adormece; creo que también le gusta mi voz y la música que le pongo.

Algunas mañanas Poe no está para nadie, ni siquiera para mí; normalmente suele ocurrir cuando me he olvidado de comprar leche y no puede desayunar lo que a él le gusta. Es como cuando te despertabas y no quedaba ni tabaco ni café y acabábamos teniendo una mañana “extraña”; todo se arreglaba charlando un rato por la tarde. Con Poe también se soluciona de la misma manera, se tiende junto a mi mientras leo y hacemos las paces sin decirnos nada (como tú es incapaz de enfadarse conmigo)

Tenerle aquí mientras encuentras tu camino es como tener un pedacito tuyo, de tu corazón inmenso. Le miro y te recuerdo. Sueño contigo y te imagino feliz, apoyado en el tronco de algún árbol escribiendo fantásticas historias con tu bolígrafo negro y tu libreta. Seguramente perderás la vista en alguna muchacha que se cruce efímeramente contigo, y crearás para ella una historia que tal vez nunca te atrevas a regalarle… dejándola marchar ignorante su mala estrella; o tal vez sí ¿Quién sabe? Quién puede decir todo lo que habrás cambiado en este tiempo.

Pero eso da igual, aquí estaremos Poe y yo esperando a que regreses aunque sea para volverte a ver partir. Tal vez no estarás tú pero (por mi honor) te aseguro que permanecerán tus historias y el caos de tus palabras en mi mente, tus tonterías, tus locuras, todas las ideas que compartiste conmigo y que me regalaste, todas las que inventaste pensando en otras personas y que yo he tenido la suerte de descubrir. Además de los sentimientos, de la oscuridad y la belleza de este mundo que he aprendido a entender gracias al instante en que los caminos del “hombre de hielo” y de esta “nube simpática” se cruzaron: básicamente que para ser feliz uno tan sólo tiene que ser uno mismo.

Y recordaré una conversación, entre otras muchas, que nunca hemos tenido y que tal vez jamás tengamos, pero que yo guardo en este desierto que es mi alma por alguna razón que escapa a mi entendimiento:

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“-¿Me olvidarás?

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-No hay un sólo motivo por el que quiera olvidarte.”

Al hilo de la iniciativa de "El cuentacuentos"

Fotografía: Grandma_S

martes

me cuesta

Follow_Me____by_FaerieNymphMe cuesta

De pie, enfrentarme a ti mientras me miras

Sin pestañear, con esos ojos como oscuras piedras brillantes.

No hallo donde esconderme ante tan certera mirada

Ni hacerme más pequeña

Ni improvisar unas alas

Aunque intento ser etérea, con tu presencia me hago carne.

Y esa carne se hace espejo,

y su reflejo son mis entrañas

.

Me cuesta

Escucharte, mientras me hablas

Sin temblar, con tu voz asaltando mi mente

No encuentro las razones para creer lo que aseguras

Ni pensar que me amas

Ni merecer tus palabras

Obviando tus promesas, me siento más segura

Y la seguridad se hace trampa,

y ese engaño, es la calma

.

Me cuesta

Desnudarme, en tu presencia

Con tranquilidad, persuadiéndome de que no pasa nada.

No adivino porqué a veces me asustan tanto tus manos

Ni el saberme tuya

Ni el sentirme deseada

Y aunque mi amo es el deseo, tus ojos lo destronan

Y ese poder se hace miedo,

y el temor, desconfianza

Me cuesta.

Amar me cuesta

Fotografía: FaerieNymph